24.9.17

80 TACOS

El museo Nacional de Arte Reina Sofía acoge estos días la exposición “Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica”. Una exposición que coincide con el octogésimo aniversario del mítico cuadro de Picasso. Una muestra que estos días colecciona colas. Una muestra en la que las referencias a la Guerra Civil son escasas. La pareja matrimonial de los notorios historiadores del arte Anne Wagner y T. J. Clark defienden una tesis no muy bien encajada por algunos: el Guernica no se realizó como producto del efecto causado en el artista ante masacre del pueblo de Gernika ocasionada por la aviación nazi sino que Picasso pintó esta obra por pura evolución plástica. Nada nuevo bajo el sol. Mucho se ha hablado de un cuadro que no deja indiferente a nadie. Sus réplicas en formato souvenirs son lo más vendido en la tienda del Reina. Es la obra favorida de los turistas. Siempre hay numeroso público contemplándola. El Reina no sería el Reina sin el Guernica.

Recordemos que este mural fue producto del encargo del Gobierno Republicano para ser expuesto junto a otras piezas en la Exposición Internacional celebrada en París en 1937. Exposición que coincidió con la Guerra Civil. Picasso percibió 200.000 francos de entonces por su trabajo. 120.000 euros, en la actualidad. Casi diez veces más de lo que el artista había cobrado nunca por una obra.

Los primeros bocetos realizados por el artista fueron realizados antes del bombardeo del Guernica. Bocetos que fueron cambiando pero no en demasía. La obra, por lo tanto, habla de España y de la Guerra Civil pero no del pueblo de Gernika. Fue el galerista de Picasso el que bautizó el cuadro cuando visitando al artista mientras lo estaba pintando y siendo conocedor del bombardeo de Gernika exclamó “Guernica”. La realidad es que el cuadro no gustaba en la Exposición: el tema era sangriento y los europeos se encontraban en vísperas de la segunda guerra mundial. Tampoco se salvó de las malas críticas. Los alemanes lo tildaron de degenerado, para los comunistas –más amantes del realismo- tampoco era de su gusto. Ante este panorama algunos miembros del Gobierno pensaron en sustituir la obra por una del vasco Aurelio Arteta sobre la guerra civil. E hicieron campaña para ello. Pero no consiguieron su propósito. Entonces a los responsables políticos del pabellón les pareció oportuno relacionarlo con la masacre ocurrida en Gernika. Masacre que había ocurrido en las mismas fechas de realización de la obra. Por otra parte el gobierno republicano necesitaba del apoyo de los artistas para su propaganda y Picasso, por entonces, era un pintor internacionalmente reconocido. Y el Guernica viajó saliendo de Francia con la idea de recaudar fondos para la República: Noruega, Londres, Nueva York, Chicago, Boston, San Francisco… Con muy poca recaudación, por cierto.

Hablar del Guernica en condiciones me exigiría disponer de un espacio enciclopédico. Así que pido comprensión por este final que es: “continuará la semana que viene”.

GUERNICA

La semana pasada departíamos sobre El Guernica en ocasión de su octogésimo aniversario. Explicábamos que Picasso pintó esta obra por pura evolución plástica y no como respuesta al bombardeo del pueblo de Gernika. Decíamos que esta monocroma y tremebunda obra no gustaba en su día, recibiendo malas críticas de público y especialistas. Que por ello al gobierno republicano en el exilio le pareció oportuno relacionarla con la masacre ocurrida en Gernika pues la destrucción de la ciudad vasca había ocurrido en las mismas fechas de realización de la obra. También contábamos que el cuadro fue utilizado con fines propagandísticos por dicho gobierno, viajando por medio mundo para recaudar fondos para el bando republicano así como para los refugiados que huían de España. En 1942, el cuadro se instala. Se “refugia” en Manhattan, en el MOMA, hasta su regreso a España cuatro décadas después.

Gradualmente la obra se convierte en el monumento antibelicista por excelencia. Es decir: en anti monumento. Quizá el primero de la historia del arte. Llega a ser tan célebre que incluso Franco quiere, a finales de los sesenta, que la obra vuelva a España pese a que El Guernica no deja de ser un símbolo de un genocidio fascista. Pero Picasso se opone a ello. “Solamente volverá con la República” y dirige una carta al MoMA dejando registro escrito de su oposición a que su obra sea repatriada. Años después de la muerte de Franco, y también de Picasso, el abogado del artista firmó la conformidad -hablamos del 21 febrero 1981- para su retorno a España. A los dos días, el teniente coronel Tejero asalta el Congreso español en un fallido golpe que como efecto colateral producirá dudas en los norteamericanos sobre la pertinencia de que el legendario cuadro antibelicista regrese a una España con una democracia tan endeble. Pero las dudas se acaban disipando.

El Guernica, no deja de ser, por lo tanto una obra grupal. Aunque Picasso lo pintó, capas de significado han sido añadidas después. Por el gobierno republicano que encargó dicha obra y lo utilizó con fines propagandístico. Por el museo que lo acogió. Por el dictador español que lo quiso recuperar aun siendo una bofetada propinada contra él mismo. Y por los ciudadanos del mundo entero que en peregrinación han acudido y siguen acudiendo a contemplarlo.

“Hacía un día espléndido y el avión venía lleno de turistas con camisas de flores y el irremediable ataque de melancolía que suele traer de la mano el final de las vacaciones. Eran las 8,27 de la mañana del 10 de septiembre de 1981. El Boeing 747 EC-DLD Lope de Vega, vuelo comercial Iberia IB-952 procedente del aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, tomó tierra en Barajas con 319 pasajeros y 19 tripulantes a bordo. Con los motores aún encendidos, el comandante Juan López Durán tomó la palabra y, con voz entrecortada, dijo: “Señoras y señores, bienvenidos a Madrid. Tengo que decirles que han venido… acompañando a El Guernica de Picasso en su regreso a España”.