10.5.18

PACTO

Último “Airotiv” del año. Debería de ser un “Airotiv” cargado de espíritu navideño. Es decir: positivista, plagado de fe y esperanza. Pero va a ser que no. Es más bien pesimista. O como se suele decir últimamente para dejar a la altura del barro a toda opinión lanzada por un “optimista informado”, se trata de un “Airotiv” distópico.  Similar al futuro que nos descubre  el “espíritu de la navidades futuras” de Dickens. Pero al contrario que en “Cuento de navidad”, la avaricia no se enmienda. No ha redención final. Vence el egoísmo.
Leemos por doquier que este 2018 es el año en el que dejamos atrás esa profunda crisis en la que nos sumergimos hace ya una década, pero la realidad es que la ventana del panorama que se abre ante nosotros nos ofrece un paisaje desolador. Desolador para una gran mayoría de la ciudadanía. En especial, para las nuevas generaciones. Los datos, ahí están. Para cualquiera que quiera buscarlos en internet. Aunque en internet,  la mayoría busca evasión y no dosis jarros de agua fría de realidad. Pero, en resumen, “el fantasma de las navidades futuras” –de un futuro inmediato- nos muestra a los jóvenes abocados a aceptar trabajos que no les permiten vivir ya con dignidad. Y a ser educados y a recibir una cultura evasiva, programada para que se escapen de esa dura realidad. El Estado, por lo tanto, les procura un trabajo mal pagado y múltiples distracciones para que se olviden de su paupérrima situación. En cualquier tienda ya tienes una pantalla gigante de plasma a bajo coste y un montón de telebasura gratuita. También puedes apuntarte a un gimnasio para muscularte por el precio de tres gin-tonics. Y comprar para enfundar el “musculamen” ropa de saldo producida en países en los que no se respetan los derechos humanos. ¿Quién puede extrañarse que con ese caldo “cultural” no surjan monstruos juveniles como los de “la manada”? Mientras tanto, las grandes fortunas crecen. Y los partidos políticos al mando, trabajando para ellas. Curiosamente con el apoyo de la mayoría de la ciudadanía. Una ciudadanía que paulatinamente es alejada de la cultura y de la educación por los partidos al mando. La ecuación funciona. Se retroalimenta.
Antaño decían que la revolución o será cultural o no será. Así que parece ser que no será. La cultura sigue el contorno de la economía. Y ésta lo tiene claro: se apoya a “los de arriba” a costa de “los de abajo”. En el País Vasco, PNV y PSE han buscado como socio presupuestario a PP. La razón fundamental del pacto ha sido apoyar una reforma fiscal que rebaja los impuestos de las grandes empresas. Menos recaudación, por lo tanto, para invertir en cultura, medio ambiente, sanidad, educación, bienestar social… “Poderoso caballero es don dinero”, esa es la cultura que tenemos. Desde luego, no es la que necesitamos. Ojalá surja una nueva “tribu urbana” que apueste por la cultura. Porque el conocimiento, ahí está. Sigue estando al alcance de todos si no nos dejamos “distraer” a tiempo completo.