13.5.18

RESTRINCIÓN


Ayer una amplia embajada de agentes culturales y hosteleros de nuestra ciudad se reunían en la Plaza Nueva para quejarse públicamente de una actuación municipal reciente que les perjudica directamente: las restricciones aplicadas al desarrollo de actuaciones musicales y eventos culturales o sociales en bares y pubs de nuestra ciudad. La polémica cuestión es que nuestro Ayuntamiento ha adoptado la decisión de aplicar rígidamente la normativa autonómica que regula la realización de actividades culturales en los establecimientos que no sean salas de conciertos. Y así el Consistorio exige ahora que los eventos deben ser comunicados con diez días de antelación, no pueden tener una duración de más de dos horas, tienen que concluir antes de las 22:00 horas y como máximo los hosteleros podrán programar dos saraos al mes.
El pasado año 67 grupos musicales realizaron conciertos en algunos de los locales ahora afectados. SI la profusa actividad se acota como exige ahora nuestro ayuntamiento, es obvio que el daño causado a nuestro tejido cultural emergente va a ser significativo. Por otra parte, los hosteleros también verán reducir su clientela. También el ciudadano que gusta de asistir a estas manifestaciones culturales se verá afectado. Y, finalmente, el visitante foráneo que pernocta en nuestra ciudad bostezará durante las noches gasteiztarras más de lo que lo hace hoy en día. ¿A qué razones responde, por lo tanto, esta controvertida actuación municipal? Pues las normativas tienen que ajustarse para responder a las problemáticas de la ciudadanía y no ésta última someterse a unas leyes que no le benefician.
Los saraos que tienen lugar en bares y pubs no son competencia desleal para las salas de conciertos. Pues hay que tener en cuenta que los hosteleros que ahora se manifiestan no cobran entrada a su clientela por el disfrutar del espectáculo ofertado. Cuestión está relevante: como el caché del artista lo costea el hostelero de su bolsillo y éste no tiene capacidad de hacer un gran desembolso, habitualmente aquel suele ser un creador cercano, no excesivamente reconocido y, en la mayoría de las ocasiones, joven  o emergente. Las salas de espectáculos, en cambio, gracias a que cobran entrada pueden programar a artistas foráneos o con un caché más elevado. Por otra parte los locales ahora afectados cumplen con las normativas relativas a aforo e insonorización, por lo que no ocasionan molestia para el vecindario. ¿Cuál es la razón, por lo tanto, de esas restricciones? Conociendo a los dueños de salas de espectáculos locales favorables a que las tascas acojan espectáculos de pequeño formato podemos descartar que éstas provengan de sus quejas. Sobre que sean respuesta a las reclamaciones de posibles asociaciones de vecinos perjudicados por posibles ruidos nocturnos, ahí ya tenemos más dudas. Pero si se tratara de esto último la respuesta pasa por resolver técnicamente las posibles incomodidades de los vecinos revisándolas caso por caso.